(En remodelación)


Francisco Gálvez



De su obra poética cabe destacar Tránsito (1994), que fue Premio Anthropos de Poesía, El hilo roto. Poemas del contestador automático (Pre-Textos, 2001), El paseante (2005), Premio Ciudad de Córdoba Ricardo Molina (Hiperion, 2005) o El oro fundido (Pre-textos, 2015). 

Su producción anterior, iniciada en 1973, comprende Los soldados (El Toro de Barro, Cuenca, 1973,  2ª ed. 2013) de lo que algunos de sus poemas fueron cantados por el grupo musical Aguaviva, (1975), Un hermoso invierno (1981), Iluminación de las sombras (1985) Santuario (1986) y su primera poesía reunida Una visión de lo transitorio (Huerga&Fierro, Madrid,1998). 

Como antólogo la edición de Córdoba en la poesía en el último cuarto del siglo XX (Marché des Lettress. Paris, 2005) y Los círculos del aire. Antología de poesía española del paisaje y la naturaleza (Algaida, Sevilla, 2008), y prologado 25 poetas en la Casa del Inca (Casa del Inca, 2000). También cuenta con la publicación del Diccionario General de las Revistas Literarias Españolas del siglo XX, 1903-1983 (Ed. Litopress, 2007). 

Fundó las revistas literarias “Antorcha de Paja” (1973-1983) y “La Manzana Poética” (1999-...) Ha codirigido el “Seminario de Poesía” y el “Círculo de Traducción Poética de Córdoba” y fue director del “Aula de Poesía Córdoba 2016” (2005-2010) del Ayuntamiento de Córdoba.

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Se publica, editado por Pre-Textos, El oro fundido (2015)



"Nueve años hace de su último libro y ahora reaparece Francisco Gálvez uno de los impulsores de casi todo lo bueno que hay en actual Córdoba poética. No sabía lo que me iba encontrar entre sus páginas pero cuando leí el poema-prólogo "Tomando el sol después de comer" supe que tenía entre mis manos un libro muy especial. Unos de los mejores libros que he leído últimamente.
             RAFAEL SUÁREZ PLACIDO
          Libros de poesía castellana del primer trimestre de 2015


Surge la pregunta “Qué podemos hacer en el temblor de horas?” Ahí se inicia la reflexión, lo que pone fin a la cámara recorriendo el paisaje. La razón entra en escena; hace balance de la economía del vivir: los afectos;   la familia;   la muerte siempre presente… al igual que el insomnio;   la inutilidad de las posesiones;   el horizonte de la enfermedad…

Y una vez hecho el  recuento, súbitamente, esa quietud se agita,y es otro libro el que empieza.  Bajo el subtítulo: “Café y poesía”. Son dos libros, pues.  Uno, del paisaje quieto y el observador que lo mira como hojea un álbum. El otro,  de cuando “un rayo cae en medio de un embalse en una tormenta de verano”,  quiebra el agua, todo se fragmenta, todo se agita, cobrando riesgo y peligro.

"Los poemas de El oro fundido son magníficos, en especial los poemas en prosa de la sección Café y Poesía abren pistas a la poesía española. Insólitos en el panorama actual". 

              NONI BENEGAS       


A la clave de la memoria se unen, mirada y poesía, decíamos. Existe en El oro fundido una honda reflexión sobre el quehacer poético, en la cual la mirada cobra un enorme valor. La mirada es la herramienta esencial del poeta, la «punta de diamante» que le permite transformar en palabra aquello que le rodea y contempla: «LA MIRADA, como la punta de un diamante rasga el pasado / y en la ventana del tiempo se mueven las imágenes». 

             YOLANDA ORTIZ. Turia

De poetas no ya andaluces, sino de España, de esa corriente que quedó desenfocada del estudio de la poesía de la generación del 68, toda vez que las fuerzas del canon y de la ortodoxia recayeron, como suele venir siendo habitual en lo más destacado de las novedades editoriales y las fuerzas del negocio artístico. Unos estudios que olvidaron lo liminar, los márgenes, ya fuesen físicos o mentales y que incluye a poetas de la talla de Aníbal Núñez, Jose-Miguel Ullán, Agustín Delgado, Diego Jesús Jiménez, Manuel Lombardo o Francisco Gálvez. Poetas que vinieron a demostrar que otra poesía era posible y necesaria, superar las cotas de poesía social y exponer que la rebeldía política era posible desde el tratamiento de la forma, o la ironía, poesía que interpreta desde claves que se enmarcan desde dentro de la cultura popular española y que vinieron a decirnos del poder subversivo de lo poético.
          JOAQUIN FABRELLAS, en Vallejo&C.


"Su diversidad, tanto de forma, tono y temas, aunque hilvanada en un tiempo muy concreto, que va desde la mirada reflexiva de la infancia y termina con la destrucción del World Trade Center en Nueva York. Y en medio: biografía, lo político y social, lo familiar y cotidiano, el amor y la literatura, ecología y trabajo"

           ÁLVARO VALVERDE


Aunque estructurado en distintos epígrafes, el nexo común del conjunto nace y se orilla en los márgenes de un mapa vital que cruza de parte a parte la transitada existencia; desde el sabor que respira la memoria de la infancia hasta ese nuevo amanecer en que “las torres gemelas han caído/ el mundo es otro, noche y día comienzan de nuevo”, el vate andaluz revisa y rebasa la arteria esencial de su conciencia hasta hallar cobijo en la abisal soledad creadora: “…es verdad que la poesía/ es una emoción aparte”.

Un volumen intenso y múltiple, cuya mejor virtud radica en comunicar de manera humana y solidaria con el lector: “No todo es búsqueda,/ a veces mirar contiene claridad”.

           JORGE DEL ARCO
           (Blog / Notas de un lector/ 15-6-2015)

Continuidad y cambio se revelan en unas páginas donde los cambios de registro formal siguen las modulaciones en los temas nucleares de la poesía de Gálvez: la dramática conciencia de la temporalidad  y, de manera creciente, el proyecto de contruir un espacio para la mirada, una conciencia desde la que reconducir los demoledores efectos de la fugacidad.

       PEDRO RUIZ PEREZ, Cuadernos Hispanoamericanos nº 780.



Alternan en el libro el verso y la prosa y aun en algunos casos conviven en el mismo poema y ambos modos resultan igualmente eficaces para expresar las emociones del reencuentro con las figuras y escenarios del ayer y del ahora y del reencuentro del sujeto consigo mismo y es que "todo está ahí, a la vuelta del tiempo". Dicho queda toda con naturalidad, como si bastara girar la mirada para tenerlo a la vista.
¿Hechos relevantes en ese pasado? No, comunes, cotidianos, pero no importa.Lo decisivo es que, como al fundir oro, al hacer de lo sólido líquido, lo mismo y lo diferente no se excluyen, los recuerdos, vida desaparecida, cobran nueva existencia transmutados en palabra. Una palabra que se puebla de imágenes - "olor de serpientes", "el lenguaje del silencio es el cubo de agua en el pozo"-, una palabra que en fin se ofrece con auténtica fuerza poética. 

         TÚA BLESA. El Cultural